Andrew Falconar (q.e.p.d.), una vida dedicada al aporte de la ciencia y la salud
El investigador británico lideró durante 23 años el Laboratorio de Enfermedades Tropicales. Nuestra comunidad universitaria exalta y agradece su excelencia, compromiso y dedicación a la ciencia y a la División de Ciencias de la Salud.
Durante 23 años, el profesor Andrew Keith Falconar recorrió los pasillos del Laboratorio de Enfermedades Tropicales de la Universidad del Norte, donde dedicó buena parte de su vida a entender el dengue, el zika y el chikunguña, pero al mismo tiempo tejió su historia en Uninorte con colegas y amigos. Falleció en abril de este año, dejando un vacío entre los docentes, colaboradores y estudiantes que formó, y un legado científico que hoy se estudia y cita en distintas partes del mundo. Nuestra comunidad universitaria exalta su excelencia, compromiso y dedicación a la División de Ciencias de la Salud y la institución.
Hijo de padres británicos, nació en Nueva Jersey, Estados Unidos, donde vivió hasta los 11 años. Por tradición familiar, a los 12 años fue enviado de regreso a Gran Bretaña para formarse en la escuela privada de Dunrobin (Escocia), situada en el castillo del mismo nombre, con un fuerte énfasis en habilidades de supervivencia y deportes.
Andrew Falconar fue cetrero de nacimiento y explorador de vocación. Fue arqueólogo, fotógrafo de vida silvestre y observador apasionado de la naturaleza. Formado en el Reino Unido, se graduó en 1987 con honores de primera clase en Biología Aplicada, con énfasis en biología molecular e inmunología, en la Universidad de East London (UEL), y cinco años más tarde, en 1992, obtuvo su doctorado en Inmunología Molecular en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM), una de las instituciones más respetadas del mundo en el estudio de enfermedades tropicales.
Antes de asentarse en 2003 en Uninorte, pasó por la Universidad de Oxford y el Imperial College de Londres, y llevó sus investigaciones a lugares como Malasia, Tailandia y Vietnam. Fascinado por la biodiversidad de Colombia, y por supuesto, la belleza que encontraba en su carrera como inmunólogo molecular, se aventuró a vivir en Barranquilla. En esta tierra vivió plenamente, amando hasta el último día de su vida y su trabajo en la Universidad del Norte: su casa, donde trabajó como profesor e investigador científico principal junto a su esposa Claudia Romero Vivas, docente del Departamento de Medicina.
Al frente del Laboratorio de Enfermedades Tropicales, convirtió a la universidad en un punto de referencia en la región para la investigación en enfermedades transmitidas por mosquitos.
El profesor Rafik Neme, del Departamento de Ciencias Naturales, conoció a Andrew Falconar apenas llegó a Uninorte, y muy rápido empezaron a hablar de ciencia. Lo invitó varias veces a su laboratorio y en algún momento Neme terminó apoyando a una de sus estudiantes con un análisis filogenético. Pero lo que más recuerda es una manera particular de vivir la ciencia.
"Él siempre estaba hablando del último proyecto que estaba haciendo, estaba muy pendiente de la producción, de estar sacando nuevas cosas, nuevo conocimiento, y siempre tenía una idea en la cabeza. A veces era como si no hubiéramos interrumpido la conversación: podíamos durar dos o tres meses sin vernos y, en cualquier lugar que me lo encontrara, seguía con ese mismo entusiasmo, esa intensidad para contar lo que estaba pensando", evoca Neme.
Ciencia pensada para la gente
Uno de sus aportes más recordados fue un ensayo capaz de detectar la proteína NS1, que el virus del dengue libera en la sangre durante la infección— que costaba apenas cinco centavos de dólar por muestra y que podía guardarse a temperatura ambiente hasta un mes, pensado para funcionar incluso en las condiciones más exigentes del trabajo de campo en el trópico.
A lo largo de su carrera generó más de 300 anticuerpos monoclonales contra las proteínas del dengue, varios de los cuales se usan hoy en pruebas comerciales alrededor del mundo. Fue, además, de los primeros en explicar por qué algunos pacientes desarrollan las formas más graves de la enfermedad, descubriendo que ciertos anticuerpos generados contra la proteína NS1 podían reaccionar de forma cruzada con la sangre humana, y demostró en modelos animales que esa reacción cruzada podía disparar un aumento de más de 90 000 veces en la replicación del virus, un hallazgo que abrió la puerta a posibles terapias de bloqueo.
"La Universidad del Norte fue, sin duda, su segunda casa. Pasaba la mayor parte de su tiempo en el laboratorio desarrollando sus proyectos de investigación pioneros sobre dengue, fiebre amarilla, Zika, chikungunya, leptospirosis, enfermedad de Chagas y leishmaniasis. Extrañaremos las conversaciones con Andrew sobre su publicación más reciente, su entusiasmo por cada nuevo hallazgo, los correos electrónicos compartiéndonos los artículos del área de nuestro interés y, sobre todo, esa risa que lo caracterizaba", expresa María del Pilar Garavito, decana de la División de Ciencias de la Salud.
Para la galena, Andrew Falconar dejó una huella imborrable en Uninorte no solo por la excelencia de su trabajo científico, sino también por "su calidad humana y su permanente disposición para compartir conocimiento".

Un maestro para varias generaciones
Andrew Falconar hizo ciencia y la enseñó. A lo largo de su carrera formó estudiantes de doctorado y maestría del Reino Unido, Estados Unidos y Colombia, muchos de los cuales hoy continúan su trabajo en distintos lugares del mundo. Mantuvo, además, colaboraciones activas hasta sus últimos años: entre 2016 y 2023 fue jefe del paquete de trabajo sobre patogénesis mediada por anticuerpos dentro de ZikaPLAN, la red financiada por la Unión Europea para la preparación frente al zika en América Latina, y coinvestigador colombiano, entre 2019 y 2026, de un proyecto del NIH y el Instituto La Jolla de Inmunología. De ese trabajo conjunto salieron, en 2025, dos artículos en Nature Communications y Cell Reports Medicine sobre el chikunguña.
Jorge Vélez, profesor investigador del Departamento de Ingeniería Industrial, enfatiza que hablar sobre Andrew Falconar es hablar de una pasión desbordante por la ciencia. "Quienes tuvimos la fortuna de compartir con él en el laboratorio, un café o simplemente una tertulia de pasillo, sabemos que su mente nunca descansaba. Su genialidad no se medía solo en la brillantez de sus ideas; su ímpetu y trabajo incansable; y esa curiosidad infantil combinada con una disciplina inquebrantable y el amor por su familia nos mostraban el verdadero sentido de la ciencia", manifiesta el académico.
"Tenía esta actitud profesoril, de una persona que siempre está contando de ciencia. Siempre estaba pensando en una beca o en una propuesta: vivía muy intensamente la vida del académico", agrega el profesor Neme. Para él, esa entrega distingue a los lugares donde se hace buena ciencia, como en Uninorte.
En sus últimos años, con el apoyo de Uninorte y Minciencias, el profesor Falconar dirigió un proyecto vigente hasta 2026 para mejorar la sensibilidad de las pruebas diagnósticas de dengue, y contribuyó a estudios recientes —publicados en 2025 y 2026— sobre el diagnóstico diferencial entre el dengue y la leptospirosis, dos enfermedades que comparten síntomas iniciales, pero requieren tratamientos distintos.
"Andrew no buscaba el aplauso fácil ni el reconocimiento. Su motor era la búsqueda genuina de respuestas que pudieran cambiar el mundo, una muestra y experimento a la vez. Cuesta asimilar que ya no estará para debatir un resultado, para discutir ideas o hablar del universo, el genoma o las plantas. Nos queda el honor de haber aprendido de él, su amor por la verdad científica y su calidez humana", afirma Vélez.
Uno de los recuerdos más importantes que conserva Rosmery Llanos, auxiliar del Laboratorio de Enfermedades Tropicales de Uninorte, sobre el profesor Falconar se remonta a sus primeros días trabajo. En el tablero del recinto había una frase en inglés que le llamó la atención:
"I do not fear an army of lions led by a sheep; I fear an army of sheep led by a lion" (No temo a un ejército de leones dirigido por una oveja, sino a un ejército de ovejas dirigido por un león). Esta frase, afirma, marcó su vida, pues le permitió comprender la filosofía de trabajo de Andrew Falconar y del laboratorio.
“Él valoraba a las personas comprometidas, proactivas y capaces de aportar soluciones, más que problemas. Buscaba formar un equipo con ganas de trabajar, colaborar y ayudarse mutuamente, y ese fue siempre el espíritu que caracterizó nuestro laboratorio”, señala Rosmery.
Lo recuerda con cariño y admiración por ser un destacado científico, pero más importante por ser una persona jovial, cercana y alegre. “Extrañaré su risa, su particular manera de ver la vida y su disposición permanente para ayudar a encontrar soluciones ante cualquier dificultad. Su legado humano y profesional permanecerá siempre en quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado. Solo me queda decir gracias por sus enseñanzas”.
El registro público de PubMed reúne hoy decenas de artículos firmados por Andrew Falconar, prueba de una vida dedicada a anticiparse al virus antes de que la enfermedad se vuelva grave. Pero su legado más vivo no está en esas páginas. Está en cada estudiante que formó, en cada colega que aprendió a su lado y en cada pregunta que enseñó a hacer bien. Su recuerdo y legado permanecerán por siempre en nuestra institución y en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y trabajar con él. Que su ejemplo de dedicación y amor por la ciencia continúe inspirando a las futuras generaciones.
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